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Opinión

Paritarias sin gremios: una prueba difícil para el Gobierno (por Julio Turcumán)

. | 12/06/2022
Julio Turcumán

A la luz de lo ocurrido con empleados estatales en los últimos 20 días y en vísperas de un nuevo cumpleaños de nuestra patria chica, quizás sea bueno preguntarnos si seguimos percibiéndonos como un pueblo lejano y dormido con amplitud térmica casi asesina al que muchos llegaron a llamar «el patio trasero» de Mendoza, por ejemplo. El histórico reclamo de los empleados del Ejecutivo provincial por incremento salarial, no registra antecedentes en esta provincia, y hace suponer, quizás, que ese pueblo tranquilo podría estar cambiando, lo que no implica evolución, aunque sí un llamado de atención.

Si bien San Juan vivió hechos de extrema gravedad institucional en su historia, como los crímenes contra el exgobernador Nazario Benavídez y los gobernadores José Antonio Virasoro, Antonino Aberastain y Amable Jones, todos ocurrieron entre los siglos XIX y XX; es decir, hace ya demasiado tiempo. Después hemos vivido a la par de los acontecimientos nacionales y muy pocas veces nos hemos «destacado» en los diarios nacionales por hechos llamativos gestados íntegramente en esta provincia.

Quizás los antecedentes más recientes de rebeldía institucional sean el Sanjuaninazo de julio en 1995, el juicio político que destronó a Jorge Escobar de la Gobernación, en 1992; y la destitución de Alfredo Avelín, en 2002. Pero hay algo común en ese conteo: el protagonismo de los gremios estatales. A Escobar primero lo denuncia el entonces líder de ATE, Héctor Sánchez, por una especie de discriminación sindical. Esa denuncia decantaría luego en lo que todos ya conocemos: la interna peronista con Juan Carlos Rojas que desencadenó el juicio político que terminó suspendiendo a Escobar por dos años hasta que la Corte Suprema lo volvió a poner en su cargo. Mientras Rojas tuvo en su mano la lapicera del Ejecutivo, otorgó un incremento salarial importante, con la vista puesta en las elecciones provinciales y su posible confirmación en el cargo, esta vez por medio del voto. Escobar, al volver a la Casa de Gobierno y para «reparar» el daño de Rojas en las cuentas públicas, redujo el sueldo de los estatales en un 30 por ciento y se enfrentó a los gremios ATE, ATSA y UDAP, quienes a partir de esa decisión emprenden una serie de protestas que acaban en peleas con policías y detenciones de manifestantes en la Plaza 25 de Mayo y en el entonces Ministerio de Desarrollo Social, por calle Rivadavia.

Ese papel principal de los sindicatos también ocurrió con Avelín: fue la Mesa Intersindical sanjuanina la que tomó el toro por los cuernos y denunció al entonces Gobernador por no pagar sueldos, por no garantizar la salud de la población -gracias a las huelgas- y por no depositar las retenciones de los empleados del Estado. Todos recordamos una Ana María López combativa, casi irracional, caminando al frente de las columnas de docentes, quienes marchaban desde los cuatro puntos cardinales de San Juan para confluir en la Legislatura y luego en la Casa de Gobierno. No era fácil para nadie en el país, pero parecía que en San Juan todo era peor. Y así terminó. Avelín debió dejar la Gobernación en manos del vicegobernador Wbaldino Acosta quien supuso, ingenuamente, que podría ganarle luego la elección al peronismo, la base de los reclamos de los gremios.

Si bien la rebeldía de los empleados estatales de estos días no es comparable con el Sanjuaninazo ni con las salidas de los gobernadores Escobar o Avelín, y mucho menos con los crímenes de cinco gobernadores, sí implicó un llamado de atención para las autoridades y también para quienes conducen el Partido Justicialista. Sin ánimo ni devoción a los apocalipsis, no es malo imaginar si esta masiva molestia de docentes y algunos otros empleados estatales pudo o no haber terminado en alguna consecuencia institucional grave. Hay atenuantes y agravantes para ese análisis. Lo grave fue que el Ejecutivo no tenía interlocutores, porque los autoconvocados borraron a los gremios de la negociación. El atenuante, fundamental en este caso, es que el gobernador Sergio Uñac goza de firmeza institucional y política para enfrentar un amorfo como el que todos vimos. Si la provincia no estuviera bien en sus finanzas, y si el partido gobernante no tuviera buen diálogo con la oposición, o su vida interna estuviera atravesada por alguna pelea de pesos similares, quizás el resultado de la protesta de los autoconvocados habría sido otro. Los manifestantes rechazaron inteligentemente a algunos partidos de oposición como Libertarios o la derecha sanjuanina, si el conflicto seguía creciendo, nadie hubiera podido predecir en qué podría haber terminado. El Gobierno tenía varias opciones para actuar: pudo estirar la negociación pensando en el cansancio de los maestros, pudo poner la Policía en la calle con otra actitud, pudo presionar a sus socios para salir en auxilio, pero no lo hizo. Desde un primer momento se reconoció el reclamo como legítimo y se actuó en consecuencia. Uñac y su equipo sabían que iban a tener que remediar algo que no vieron venir y que lo iban a tener que enmendar con presupuesto, y se prepararon para hacerlo. No hubo otra estrategia. Los autoconvocados hicieron lo que quisieron. Dijeron lo que se les vino a la cabeza en todos los medios de comunicación de la provincia y en redes sociales, pidieron lo que creyeron justo, avanzaron sobre los gremios, cortaron la calle cuantas veces quisieron, no dieron clases sin tener ninguna consecuencia, y todo eso ocurrió porque el Ejecutivo reconoció desde el inicio del conflicto que había algo que reparar.

El problema ahora lo tiene el Ejecutivo con los gremios. Y los gremios con sus conducidos. El Gobierno arregló parte del problema, pero creó una bola de nieve que será difícil de disipar a futuro. Los sindicatos, quienes entre todos no juntan ni la mitad de gente que salió a las calles, deberán ser reconstruidos.

No estoy seguro si hemos cambiado de actitud. Claramente ya no somos aquél «patio trasero» de Mendoza, al menos en materia económica. Si esto pasaba en esa provincia, no sé cuál hubiera sido el resultado final. La rebeldía de los autoconvocados claramente es un paso hacia adelante. Quedará en el tiempo saber si también implicó una evolución. Ojalá no haya sido solamente un debate por plata.

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