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Opinión

La mala praxis del geólogo (por Julio Turcumán)

. | 08/05/2022
Julio Turcumán

A un día de haberse celebrado en toda la Argentina el Día de la Minería, en el mundillo donde conviven empresarios, autoridades y escasos sindicalistas y periodistas, se hablaba ayer de dos temas: La Declaración de Impacto Ambiental (la famosa DIA) de Josemaría y de la gestión del titular de la Cámara Minería, el geólogo Mario Hernández, uno de los más empinados funcionarios de la empresa Yamana Gold, quien se colgó esta semana «un nuevo galardón» respecto a cómo hacer las cosas extremadamente mal en temas de relacionamiento comunitario, en este caso, en Catamarca.

En un par de meses y con su liderazgo comunicacional y de poca claridad en temas de desarrollo sustentable en el proyecto minero «MARA», logró algo que en el sector es considerado histórico: unió a toda la antiminería de esa provincia y en forma simultánea puso en contra de su empresa al intendente y todo su Concejo Deliberante, quienes intimaron por carta documento a Yamana para lograr que esa compañía y Hernández frenen todo tipo de actividad en la zona después de cortes de ruta, golpes, detenidos y hasta heridos en enfrentamientos por la viabilidad del proyecto. Tremenda maniobra del jachallero.

Eso sin contar que el año pasado para esta misma fecha y en ese mismo lugar en una marcha le prendieron fuego a las oficinas de Yamana con 3 camionetas adentro.

Sin embargo, lo que sucede en Andalgalá es conocido y bien aprendido por otras empresas mineras que pasaron por el lugar. Pero la historia se repite una y otra vez: se echan culpas, se abona la grieta entre el gobernador catamarqueño y el intendente de la zona (uno peronista, el otro radical), se habla de los «locos» que son algunos de los concejales, pero en el sector empresario nadie hace ninguna autocrítica respecto a lo que hicieron mal. La minería ha logrado imponerse en escenarios poco favorables en el mundo. No hay un solo Andalgalá, hay varios. En muchos la minería logra desarrollarse, a pesar de un rechazo inicial de las comunidades. Hay sobrados ejemplos donde la buena praxis comunicacional y de gestión o relacionamiento con los gobiernos y las personas, han dado buenos resultados. Y también está el ejemplo de lo que acaba de ocurrir en Catamarca, obviamente.

Si se pretenden buenos resultados, la «valentía» empresaria se deja para más tarde, y no se apuesta a la acción social «del paso del tiempo» y de las necesidades políticas de las autoridades de turno. Ese es el llamado «modelo» del fracaso social y que por sentido común termina con la comunidad enfrentada, los empresarios mirando para otro lado y los proyectos mineros enterrados por décadas hasta que la gente se olvide o que aparezca un político «salvador». Las comunidades y los gobiernos reclaman que se pongan de una vez por todas los pantalones largos, dejen la «todología» (geólogos o médicos haciendo de comunicadores) y dejen de pensar sólo en sus sueldos y premios corporativos. En la normalidad, por desgracia, las empresas dejan que la política resuelva sus problemas. Ese modelo, bien aprendido por Hernández, ya no funciona y Catamarca es un buen ejemplo de ello.

Ya nos pasó en San Juan, cuando el médico Julio Claudeville manejó para Barrick las relaciones con las comunidades y los gobiernos, a pesar de haber sido la de mayor bonanza de la compañía canadiense en San Juan. Claudeville, muy «Salieri» del gobierno de turno, hizo simplemente lo que la gestión política del momento le pedía. Es más, reclamaba consejos en calle Paula en lugar de escuchar a los expertos, quienes le recomendaban ir exactamente para el otro lado. Y así fueron, por ejemplo, la caída de Pascua-Lama, las reacciones de los emprendedores y gremios en el interior de la provincia, y la tragedia de que los grandes negocios mineros quedaron en manos de cuatro o fuera del país o de la provincia. Claudeville, médico; y Hernández, geólogo. Serán muy buenos en sus materias (supongo), pero en comunicación y desarrollo de comunidades, sólo de oído. En la normalidad eso no se nota, pero cuando hay problemas como ocurre hoy en Catamarca, las falencias se notan a lo lejos. Es como si pusieran a un comunicador a dirigir una operación. Casi la misma tragedia.

Cuando el representante de una empresa minera clama en Catamarca o en San Juan por el orden público y que la policía se haga cargo de levantar, por ejemplo, el bloqueo de un camino de acceso a un proyecto minero no hace más que confesar que jamás hicieron nada serio junto a la comunidad y sus autoridades. Con algo de dignidad, muchos de ellos deberían acompañar el pedido de intervención provincial con una nota a la empresa anunciando su renuncia.

La soberbia y el escaso conocimiento técnico en temas de comunicación y de desarrollo comunitario -del que se hace «gala» en algunas empresas mineras- llevan siempre a estos resultados. En el sector minero lo saben, lo reconocen, pero no hacen absolutamente nada para cambiarlo, al mejor «estilo» Hernández. Apuestan a que llegado el «incendio», como pasó esta semana en Andalgalá, el año pasado en Chubut, o el anteaño en Mendoza, sean las autoridades del Gobierno provincial de turno las que restablezcan el orden y les liberen de todos los problemas sociales que siempre, absolutamente siempre, dicen conocer, valorar y entender. Y así, siguen los «éxitos» del modelo Hernández. Ojalá me equivoque, pero Josemaría va camino a lo mismo, ya que tampoco tienen en sus equipos a profesionales de la comunicación. Josemaría, para colmo, tiene algunos detalles polémicos que serán de debate. En el Gobierno lo saben, y preocupa.

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